JULIÁN GÓMEZ: LOS AFORISMOS DE LA LUZ.
Señores y Señoras:
Es mi deseo comenzar la presentación de esta exposición de Julián Gómez con unas palabras que pertenecen a B. CROCE y que pueden servirnos como punto de partida para el recorrido que a realizar por una de sus obras, y que en su conjunto y unidad he querido nombrar como AFORISMOS DE LA LUZ:
“Dejemos a los necios afirmar que un árbol, un bello río, una sublime montaña, un bonito caballo o una estupenda figura humana son superiores al golpe de buril de Miguel Ángel o al verso de Dante; nosotros decimos, con mayor propiedad, que la naturaleza es estúpida frente al arte, y que es muda si el hombre no le hace hablar” (Breviario de estética).
Nuestro artista, establece con cada uno de nosotros un diálogo de abundantes experiencias acumuladas en la aljaba de sus manos. Son experiencias acumuladas en el prendimiento y conquista de la luz, y donde las formas, como la auténtica vida, conducen a una obra en que la claridad y sencillez predominan ostensiblemente sobre cualquier otro interés.
Hay artistas que nos muestran las realidad tal como ellos la ven o como la obligan a ser, y otros que nos la muestran tal y como es. Julián pertenece a éste último grupo que, por otra parte, configura nuestra mejor tradición, y en su sinceridad nos enseña realidades desconocidas o aspectos nuevos de otras que conocemos, completando así con su mirada nuestra verdad.
La tarea de Julián Gómez no es un mero reproducir, copiar o trasladar a su obra el orden, la proporción y armonía, la perfección que hay en la naturaleza. Julián aplica el canon –en un gesto de esfuerzo, disciplina y libertad- del trascurso del tiempo en el amanecer que se desliza en intensidad hacia el ocaso y crepúsculo de la luz. Es la luz, en cada uno de los minutos del día, de los instantes que llenan el ciclo de las estaciones y que se posa en la realidad, la que nos alumbra el artista en sus cuadros, revelándonos lo escondido, lo que se hallaba oculto por no percibido. Su obra plástica me sugiera así lo que yo llama aforismos de la luz desde el instante en que cada una de sus obras incluyen el sentido de una proposición clara, evidente, y de profunda y útil enseñanza, con los caracteres de ingeniosidad, concisión y hasta cierto punto de conclusión científica, expresando profundidad y trascendencia.
Contemplaremos sus “tablillas” donde la verdad de la luz es verdad de vida que nos trasmite la sencillez y humildad de caminos y montes, andaduras de barbechos y olivas, hendiduras en la tierra al mediodía, sombras violetas, carmesí de la vida latente en el aire; calor de la mañana en la tierra quemada lanza su grito en ores ensangrentados. Sus jardines envueltos en brumas de nostalgia, días de ausencia, invitación al recuerdo y añoranzas; tres fieles guardianas en el tiempo, fidelidad de los centinelas que observan el horizonte de dudosas esperanzas. Atardecer en la distancia del pueblo, del otro; último saludo dorado de quien se despide en el surco del fruto rapado. La cal, las sombras, los tejados de vertientes paralelas, el latido oculto del barro y la madera, jardines que asemejan oasis en el desierto urbano. Y el lápiz que recorre el camino de la vida en esa parcela de nudos, ramas y hojas; grafito que señala la dirección y construcción de la naturaleza por la mano que descansa en el timón del pensamiento y la emoción.
Es prender el alma en su movimiento; aliento propio en la materia que late para sentimiento y gozo. Es la luz de la mañana y de la tarde, del estío como del invierno, la que establece alianza con este pintor para hacerle partícipe de los secretos y el saber, de los valores de la naturaleza y el corazón del hombre en su eterna fugacidad, haciendo más digna y humana la existencia.
José Berlanga
Valdepeñas, 28-07-01